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Sábado
24 de Junio de 2017
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y Sant Adrià



 

 

La esperanza nunca se pierde

"La esperanza nunca se pierde" es la frase que ha elegido Loli Cañadas para comenzar esta entrevista. Una frase que tiene mucho que ver con su vida, su carácter alegre y su día a día como presidenta del Centro Cultural Nuestra Señora de la Esperanza de Badalona. Es en este lugar donde quedamos para hablar y repasar su vida, una vida muy activa, ligada a la cultura, sin dejar de lado sus raíces y siempre dispuesta a ayudar a quién le haga falta. Fuerte, trabajadora, luchadora, constante y  emprendedora. Así es Loli Cañadas.

Para empezar Loli, cuéntanos ¿cómo recuerdas tu infancia?

Yo nací en Baza, Granada, en el seno de una familia muy humilde. A pesar de eso mi padre tenía un bar y una panadería lugar en el cual por la mañana se hacía el pan y por la tarde-noche se tenía abierto como bar y lo recuerdo siempre en marcha, con mucho trabajo. Cuando yo tenía ocho años mi madre quería algo más para sus hijos, éramos cuatro hermanos. Ella vino a ver como estaba la situación por Barcelona, aquí en Badalona tenía unas amigas que habían venido del pueblo, y a través de ellas se compró una casa e hicimos el traslado. Yo me vine con mi padre primero a casa de unas amigas de mi madre, y ella esperó un mes porque mi hermano se iba a la mili a Melilla, y al cabo de un mes ya se vino con mis hermanas aquí. 

Llegas aquí a Badalona con ocho años ¿Cómo recuerdas el traslado, el cambio?

Yo lo viví bien porque era muy pequeña. Piensa en una niña que la suben en un tren y va a descubrir algo nuevo; llegas a una ciudad nueva y todo es ilusionante... todo es alegría. Además cuando llegué aquí como era gente conocida tampoco me encontré fuera de sitio. Además soy una persona muy abierta y pronto fui conociendo mucha gente, haciendo muchos amigos... y pronto me conocían como la niña de la calle Mercurio, donde vivía. Una niña delgadita, muy habladora, rubia con sus dos trenzas... y la gente empezó a tomarme cariño. Y además como siempre he sido muy de ayudar, pues en la calle Mercurio había unas grandes cuestas desde el mercado de La Salut hasta subir a la calle de los Planetas, por ejemplo; entonces si yo veía que subía alguna vecina mayor con la compra me acercaba a ayudarle. O me decían ¿por qué no vas a buscarme un paquete de fideos? y allá que iba la Loli corriendo a ayudar... (ríe).

¿Cómo recuerdas esa Badalona de entonces?

Ha cambiado mucho. Yo recuerdo muy bien el mercado viejo que no estaba ni mucho menos como lo tenemos ahora. Hemos ganado muchísimo. Recuerdo por ejemplo cuando aquí en la carretera Antigua de Valencia había una torre, un campo muy grande en el cual sembraban apios, alcachofas y otras verduras y teníamos que pasar por el medio de ese campo para subir arriba a la calle de los Planetas, donde estaba la calle Mercurio en la que vivía yo. Y muchas veces, como el apio me encantaba, y al pasar, de niña arrancaba un apio y me lo llevaba y mi madre me reñía (ríe).

¿Cómo recuerdas a tu madre?

Nos enseñó mi madre muy bien a respetar y a querer, a no coger nada que no fuera nuestro y a ayudar a los demás. Mi madre fue una mujer sin estudios pero era muy temprana a su tiempo. Estaba muy adelantada en todas las cosas de la vida. Incluso se quedó viuda y se volvió a casar, y entonces nacimos mi hermana y yo. Una mujer de bandera, guapísima, alta, muy madraza. La recuerdo mucho.  

Poco a poco fuiste creciendo ¿estudiaste, trabajaste?

Estudié en el colegio y luego ya a trabajar de muy joven. Aunque a pesar del colegio yo en mi casa he trabajado siempre. Mi madre tenía gente a dormir que venía de Andalucía y yo ayudaba a pelar patatas para comer, por ejemplo, a lavar sábanas en barreños de agua caliente que se calentaban en los fogones... Era un momento en el cual teníamos que ayudar todos en casa. 

Con catorce años me puse a trabajar en una fábrica de cartón y a los 16 pasé a una fábrica de hilaturas que estaba aquí mismo (justo delante del Centro Cultural Nuestra Señora de la Esperanza). Era una fábrica textil.

¿Cómo recuerdas esa época?

La recuerdo muy bonita. De hecho allí conocí a mi marido.

Él era mecánico montador de textil y trabajaba en una empresa en Barcelona y donde había averías pues él iba. Y lo conocí aquí. Y me decían "hay un chico muy alto..." porque yo siempre bromeaba diciendo que si me enamoraba sería de un chico bien alto porque yo era muy alta (ríe) ya sabes, las cosas de jóvenes (ríe de nuevo).  Y así con 16 años le conocí, y así hasta hoy que en paz descanse.

Toda la vida juntos...

Toda la vida. En los momentos buenos, en los momentos malos y siempre con mucho respeto el uno con el otro. Eso que no falte nunca en una relación. El respeto. Nos conocimos, se fue a la mili y yo le esperé, luego empezamos a ahorrar para un piso, teníamos mucho en común. Él era catalán, había nacido en Les Corts, muy ligado al Club de Fútbol Estrella la Salud... Nos casamos y hemos tenido dos hijos, Montse y Enrique. 

Tú has mantenido mucho tus raíces andaluzas ¿verdad?

Sí. Lo llevo por dentro. Y a mi marido también le gustaba y poco a poco lo fue conociendo más a través de mí. Me gusta transmitir los valores de la cultura andaluza, las costumbres... 

Estás muy ligada al Centro Cultural Nuestra Señora de la Esperanza, centro que cuenta con larga trayectoria en Badalona y muy activo en actividades, pero ¿en qué momento decidisteis crearlo? ¿Cómo surgió?

Nació en 1985, cuando un grupo de amigos andaluces comenzamos a darle vueltas a la idea de crear un lugar de encuentro en el que poder organizar salidas culturales, excursiones y actividades para los más pequeños, clases de bailes. Surgió de un grupo de matrimonios. Se propuso que yo fuera presidenta, pero en aquel momento preferí hacer de relaciones públicas porque conocía a muchos artistas... y como presidente salió José Pérez, que estuvo poco porque en el trabajo lo trasladaron a otra ciudad; después de presidente estuvo mi marido que ejerció de presidente unos cinco años. Entonces llegó Antonio Lorente y después llegué yo y así hasta ahora. 

¿Cómo fueron esos primeros años del centro?

Lo primero fue buscar un local y encontramos este del cine del señor Tarazón (Andrés Segovia, 43-45) y donde seguimos hoy en día. El cine estaba abandonado, tuvimos que limpiarlo, un trabajo inmenso. Hicimos el escenario, tuvimos que poner dinero cada uno para crearlo. Es bonito recordarlo, el sacrificio de todos y todas, con muchas ganas de colaborar y hacer cosas. 

Por aquí han pasado muchos artistas, por ejemplo Manuel Fernández y Miguel Poveda...

Sí, conozco a muchos artistas. De esta casa salió Miguel Poveda. Con quince añitos. Es mi orgullo. Manuel Fernández también, fue su primer escenario. Con Miguel Poveda hay una historia muy graciosa porque cuando me llamó, de niño para actuar en nuestro escenario, tenía una voz al teléfono muy diferente. Le dijimos de venir a hacer una prueba, queríamos verle cantar antes de ponerle en cartel, como hacíamos con todos los artistas que no conocíamos y se vino con sus padres y con su primo que tocaba la guitarra. Como las salas las teníamos todas ocupadas en aquel momento acabó haciendo la prueba, tocando en la cocina. Lo recuerdo mucho. Su madre y yo estábamos de palmeras, su primo con la guitarra y su padre grabando porque lo grababa siempre allá donde iba. Nos gustó su tono de voz y lo pusimos en cartel y de hecho lo hizo tan bien en ese festival  que en el próximo que organizamos lo volví a poner. 

En el centro sois muy activos...

Exacto. Hacemos guitarra, baile, flamenco, clases de cocina, informática, clases de cocina, además de las salidas puntuales, o nuestros festivales, cada tercer domingo hacemos nuestra misa en la iglesia de San Jaime; además actuamos en bodas y allá donde nos llamen con nuestro coro... 

Desde hace unos meses también eres presidenta de otro centro en Sant Adrià...

Sí. me han nombrado presidenta de la Casa de Baza en Catalunya y que está aquí en Sant Adrià. El 13 de diciembre haremos un Festival Flamenco en Sant Joan Despí con un grupo flamenco de Granada.

Colaboras mucho en grupos de mujeres

Me gusta mucho colaborar con los grupos de mujeres y con la gente mayor. Considero que se les tiene que hacer partícipes de algo. Aquí en nuestro grupo de mujeres del centro por ejemplo, un día se presenta un libro, otro viene un poeta, alguna charla y así se hace "germanor", se hacen relaciones, se les da voz y eso es muy importante. La cultura se fomenta...

Recientemente has recibido el premio a la andaluza del año 2015 otorgado por la Casa de Andalucía de Barcelona. ¿Cómo te sientes?

Jamás pensé que pudiera recibir un premio así. Fue muy emotivo y estoy todavía muy agradecida, emocionada y orgullosa.  La gala de entrega se realizó el pasado sábado, 26 de septiembre en el Hotel Princesa Sofía. Lo primero que hice fue preguntarme ¿a mí? ¿por qué a mí? y me dijeron que lo gané a pulso con tanto trabajo de años y años. Habían muchos artistas amigos míos, muchas autoridades, mis amigos, familias... Recibí muchos ramos de flores y mi hija me leyó unas palabras muy emotivas que no olvidaré en la vida, además me regaló tres rosas blancas muy especiales, que representaban a mi marido, mi hermana y un amigo nuestro que falleció en mayo; Hay mucha gente que ha creído en mí y doy gracias. 

 

Una entrevista de Clara Bayo.


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