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Francisco J. Tapiador nos cuenta todo sobre su libro 'Emily o los juegos de poder'
Francisco J. Tapiador nos cuenta todo sobre su libro 'Emily o los juegos de poder'

Una entrevista de Bibiana Ripol - 26/09/2016 06:38

Francisco J. Tapiador nos cuenta todo sobre su libro 'Emily o los juegos de poder'. Emily, una bella e inteligente mujer de treinta y cinco años, ve pasar los días como ejecutiva de una gran empresa, al tiempo que mantiene una aventura. Un día, mientras está en Seattle con su amante, recibe una llamada telefónica en la que le ofrecen un cargo de responsabilidad en un ministerio.

Ilusionada, empieza una nueva etapa de su vida, sin saber que está a punto de adentrarse en el oscuro universo de la política: un lugar donde el secreto y la mentira se protegen hasta las últimas consecuencias. Mientras juega el papel de marioneta útil, Emily se verá envuelta en una trama pública en la que hay muchos intereses en riesgo y en la que cada una de las personas implicadas está dispuesta a hacerlos valer con métodos tan siniestros como efectivos...

Emily o los juegos de poder es una novela sobre las dimensiones del poder y las fallas de la personalidad en una sociedad que solo parece capaz de atajar sus brotes de corrupción cuando las personas vulnerables son protegidas con métodos extraordinarios. Estructurada como un artículo científico, donde ningún detalle es casual, la novela pretende ser a la vida de las personas lo que un experimento es a la naturaleza: un modelo explicativo de lo que analiza.

¿Qué rasgos tiene esta novela en común con su también recién publicada Míster Señor Brown?

Ambas novelas intentan explorar el complejo mundo interior de las personas y sus relaciones. Si el tema principal de Mr. Sr. Brown era la tolerancia, en Emily es la responsabilidad y el poder. Lo que tienen en común es el tratamiento de ambos temas desde un ángulo quizá desacostumbrado. En Emily hablo de una mujer que tiene un gran poder y que lo usa mal, pero que al mismo tiempo se ve manipulada por otro tipo de poder.

Le gusta ambientar sus novelas en EE.UU.; en este caso, los escenarios son Seattle, LA y Las Vegas.

Este país tiene para mí tiene un componente simbólico importante. Es el “nuevo mundo”, un espacio ajeno a la tradición occidental y, a la vez, el resultado de siglos de historia europea.

¿Le ha inspirado esta vez la corrupción destapada en España los últimos años?

Forma parte del escenario. Si la novela se hubiese desarrollado en la época de la transición hablaría de otras cosas, habría un trasfondo diferente; pero en 2016 la cortina que está detrás de casi todo es la corrupción. Es un asunto que está haciendo mucho daño al país a varios niveles. A veces, como sucede en la novela, hay algún funcionario recto que se planta y dice: “¡hasta aquí hemos llegado!”, pero esto suele tener con un gran coste personal. A menudo, no se consigue nada, ya sea por la cobardía de algunos, por la falta de ética de otros, o porque no se disponen de los medios adecuados y a nadie se le puede pedir que sea un héroe. En otras ocasiones son necesarios métodos extraordinarios para evitar que la podredumbre salpique a los que no tienen culpa de nada. Esta idea del recurso a la violencia para proteger a los débiles es un tema que me rondaba la cabeza. Quería explorar el tema.

¿Se basa en algún hecho real?

Sí, se basa en varios, pero no es una novela de denuncia. Me interesa más lo general que lo particular. La novela se desenvuelve entre una manera de proceder y unas estructuras que están ahí. Los personajes nos parecen familiares porque vemos casos parecidos en los medios todos los días. Para denunciar hay vías mejores. No se dirige contra ninguna persona en concreto.

Pero hay algún personaje, como Zuben, al que se podría identificar con facilidad con un ex tesorero de un partido político. Se da cuenta, ¿verdad?

Sí, es fácil imaginar a Zuben como ‘esa persona que usted me menciona’. Soy consciente.

También se detecta cierta similitud con el caso de una directora general de tráfico...

Es curioso, pero ese caso fue muy posterior a la escritura del texto. Cuando saltó el asunto en los medios, la novela ya estaba en producción, y confieso que ese no era un tema que yo conociera de antemano.

¿Cuántos directores o directoras generales conoce, por cierto?

Muchos, la verdad. Así que me conozca su vida y milagros, y de la administración central, unos veinte. De refilón bastantes más.

¿Desea generar cierta empatía hacia la protagonista, Emily?

Creo que los personajes tienen que despertar interés, más que identificación. Pero lo cierto es que Emily genera cierta compasión, sí, porque a pesar de que algunas facetas suyas puedan resultar irritantes, también es una víctima. Es una mujer a la que no se toman en serio a pesar de sus muchas capacidades, y eso la lleva a cometer errores fatales que quizá no hubiera cometido en otro entorno.

¿Es Emily es un juguete roto?

Emily es una mujer compleja, pero el concepto de juguete roto resume bastante bien lo que le pasa. No sé hasta qué punto ella es consciente de que las fallas de su personalidad contribuyen a empeorar su circunstancia.

¿La responsabilizaría de sus actos?

El entorno es hostil e injusto, pero también lo es para Paula y esta sabe manejarlo mejor.

Los personajes con vertiente científica son los que salen mejor parados

La novela tiene varios planos o lecturas. Uno de ellos es una exposición sobre lo mal que han tratado a la ciencia los políticos y gran parte de la sociedad española. Lo que le pasa a la gente de ciencias en la novela quiere reflejar este maltrato. No quiero desvelar nada, pero tampoco se puede decir que salgan tan bien parados... Sí, en el sentido moral, de reivindicación de su trabajo, de sus valores, y de su forma de ser, pero no tanto en el personal. El coste es enorme, sobre todo para Lena.

¿Por qué ha estructurado la novela como un artículo científico?

Quería destacar la idea de que la novela literaria, eso que hacen por ejemplo Franzen o Pynchon, son instrumentos muy precisos para el conocimiento interior de las personas. Una novela es como un modelo de clima: es una manera de simular una realidad a partir de elementos: los personajes; y una mecánica: la psicología y los procesos sociales. A partir de ahí, y con unas condiciones iniciales y de contorno (quiénes son los personajes y cuál el medio en el que sitúan), la novela echa a andar y nos permite conocer algo nuevo sobre nosotros mismos y sobre los demás.

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