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El director, guionista e intérprete Jean-Paul Rouve nos habla del film 'Los Recuerdos'
El director, guionista e intérprete Jean-Paul Rouve nos habla del film 'Los Recuerdos'

Redacción - 14/10/2016 06:43

Romain (Mathieu Spinosi) tiene 23 años y mantiene una tierna relación con su dicharachera abuela (Annie Cordie). Los padres de Romain (Michael Blanc y Chantal Lauby) toman decisiones por ella, como internarla en una residencia de ancianos. Ella se pregunta qué diablos hace allí. Un día decide desaparecer. Romain irá en su búsqueda ayudado por Los Recuerdos. Un film digirido por  Jean-Paul Rouve y que se estrenó el 22 de abril. Desde Badanotis hemos querido adentrarnos en todos los detalles que envuelven la película.

¿Cómo tuvo la idea de adaptar el libro de David Foenkinos?

Conocí a David cuando estaba de gira con Cuando sea pequeño. Tenemos una amiga en común, Émilie Simon, que compuso la música de La Delicadeza y de mi anterior película. Los productores, a quienes yo no conocía, adquirieron los derechos de Los Recuerdos. Seguidamente conocí a Romain Rousseau (uno de los dos productores junto a Maxime Delauney), y mi agente entonces les hizo saber mi interés para el proyecto.

Ha colaborado en la escritura del guion junto a David Foenkinos...

Primero leí su novela, después lo llamé. Él redactó una primera versión dialogada de su libro. Le confesé que su trabajo estaba muy cerca de mi primera película, Cuando sea pequeño, ¡incluso demasiado! Entonces retomamos el texto juntos. Por mi parte, avanzaba con mucha prudencia, porque se trataba de su trabajo y no quería ofenderle. Pero al cabo de dos horas, me di cuenta de que no había prepotencia fuera de lugar y entonces, partimos sobre bases muy simples, como si él no hubiera escrito el libro.

Mi objetivo era dar énfasis a la comedia. Primero desarrollamos el papel del padre, interpretado por Michel Blanc, y luego creamos al personaje del compañero de piso: con él es con quien dialoga el protagonista, lo que permite conocer los estados de ánimo de Romain (el protagonista interpretado por Mathieu Spinosi) sin tener que recurrir a una voz en off. Por otra parte, si en la novela la madre vive en un asilo, nosotros decidimos una opción diferente en la adaptación. Finalmente, el guion se basa en dos tercios del libro ya que la última parte, sobre la vida de Romain con la joven, fue eliminada.

¿Se encontraba en sintonía con David Foenkinos a lo largo de la fase de escritura?

Nos dimos cuenta de que nos emocionaban las mismas cosas, de que nos reíamos con las mismas bromas y de que teníamos bastantes gustos en común. Y finalmente ¡nos hicimos amigos! Así que escribimos nuestra versión en común bastante rápido, en tres o cuatro meses. Hicimos que nuestros productores la releyeran, la volvimos a trabajar y finalmente la enviamos a los actores.

Las relaciones familiares, y sobre todo la relación con el padre, a aparecen a menudo en sus películas...

Exactamente, la relación de paternidad me interesa mucho. Cuando crecemos, a menudo decimos que hay que "matar al padre" para madurar. No creo que sea una necesidad obligatoria: en mi opinión, podemos crecer de otra manera. Esto puede incluir otro aspecto (que no impida el amor a los padres) que encarna una forma inédita de ver el mundo. Puede tratarse de una persona, o de un escritor que descubrimos. No siempre aprendemos a ser hombres sólo con la figura paternal. El personaje del hostelero en la película es mucho más joven que en el libro. Se hizo a propósito porque no queríamos que apareciera como competencia del padre: aquí no son rivales sino que se complementan.
La película describe tres trayectorias iniciales, de tres generaciones diferentes: el muchacho, el padre y la abuela.

Hablar de la vida es muy difícil. Y aún así no existe nada más interesante: lo cotidiano, el curso de los hombres, de la gente normal, me fascina. Como director me gusta hacer cine, como espectador me gusta verlo, eso es muy francés.

Los personajes, a pesar de cuál sea su edad, están todos buscando algo, como si no hubieran encontrado aún su lugar.

Sí, y en cierta manera se buscan a sí mismos: el muchacho, que aún no ha encontrado ni su camino ni el amor, el padre que no sabe bien cómo afrontar la vida de jubilado, el hostelero que se encuentra lejos de su hijo, e incluso la abuela que aspira a volver a su tierra de la infancia...

Un día, un periodista belga que escribió una crítica de Cuando sea pequeño, me dijo que me interesaba por la gente que no estaba en su lugar. Y de hecho, me gusta la gente que no se encuentra en su sitio: eso forma parte de la vida y concierne a una gran mayoría de la gente. Permanecemos ahí por pereza, por seguridad, por amor... Y a veces nos damos cuenta. No es el caso de Romain, pero él ya siente miedo de no estar donde debería. Esto también afecta al personaje de Michel Blanc: el paso a la jubilación actúa como una revelación. Del mismo modo, la abuela dejó pasar la vida y repentinamente toma otro camino. Me gusta la idea de que la gente haga lo que puede. Con frecuencia intentamos hacer el bien, y a veces nos equivocamos.

¿Cómo explica una cercanía tan grande entre el muchacho y la abuela, viniendo de una generación y de un mundo que le son totalmente desconocidos?

Es un poco como si el chico estuviera hambriento de creerse los recuerdos con su abuela, y además era consciente de ello. Esta relación me interesaba y tenía ganas de escarbar en ella. Tengo la impresión de que, muy rápidamente, él deja de verla como su abuela y la empieza a ver como a una mujer: se pregunta cuál ha sido el curso de la vida de esta mujer que fue joven, se casó, tuvo hijos, nietos. No se plantea su estatus social sino lo humana que es.

La madre, interpretada por Chantal Lauby, es también sin duda el mejor personaje en su papel, a gusto en las relaciones con su hijo e incluso con su marido.

Exactamente. La madre es el personaje que más se parece a nosotros, la que más tiene los pies en la tierra. Como ella, está el jefe del hotel, que dice cosas razonables. Ambos personajes aportan consejos y verdades, que orientan a los personajes principales. Siempre es interesante tomar un elemento (la abuela que ha desaparecido en este caso) y ver las diferentes maneras de reaccionar ante esta situación: la visión dramática del padre "mi madre ha muerto ", la capacidad de relativizar diciendo "son cosas que pasan" de la directora del asilo, o incluso la mirada de la madre o del hostelero "los viejos, les obligamos a hacer lo que nos conviene y ellos se largan". Me gustan esos personajes secundarios que arrojan luz a la trayectoria del protagonista.


Desde París, la película pasa a Étretat sin impresión de ruptura. ¿Era importante tomar aire normando?

Hay un momento en el que la historia se divide, de ahí el cambio de lugar. Creo que la ausencia de ruptura se explica porque intento mostrar París como una ciudad de provincias. Da igual que se trate de París o de Étretat, tengo la sensación de tener esa visión, una visión de la vida, de la gente, y esto constituye una unidad, un enlace entre dos ciudades. Por ejemplo, existen dos escenas que tienen conexión: mientras el muchacho empuja la puerta de una cafetería en Étretat, el padre entra en una cafetería parisina.

El decorado sumerge al espectador en la realidad.

Presto mucha atención a la veracidad de la vida en el cine: no grabo si no me lo creo. En la película, los dos chicos viven en un piso compartido. Desde el principio hago que mi decorador y mi encargada de vestuario tomen consciencia de lo que son mis personajes, lo que viven, lo que ganan... Y a partir de ahí construyen los decorados y el vestuario. No quiero un decorado en el que no creamos.

Cuando volvemos a París, podemos reencontrarnos rápidamente con los decorados magníficos porque tenemos monumentos excepcionales. A mí me gusta encontrar una cierta estética en lo natural, en lo que puede parecer banal a primera vista.

¿Cuáles eran, aparte de los decorados, sus prioridades en la puesta en escena?

Intento sobrevolar la vida tanto como pueda; incluso en la ficción. No se trata de un documental, pero a veces utilizo las mismas armas que en ellos. Yo elijo el plano, pero lo que ahí pasa se me escapa. Es una mezcla de ángulos rectos, de simetría (el plano como marco) y de pasajes inesperados en el centro (el escenario).

Respecto a la preparación, trabajo con mi director de fotografía para estar listo el día del rodaje. Se trata de una forma de seguridad psicológica. ¡Me preparo para olvidar cuando grabo! Lo que sigue manteniéndose esencial a mis ojos es la verdad que surge de la interpretación de los actores. Y por último, el actor proporciona verdad al plano. Imagino que la cámara es un testigo, que está con nosotros en situaciones, a una buena distancia y nunca es obsceno. Una especie de amigo indulgente. Me gustaría citar a Claude Berri como cineasta que me pudo inspirar: hay en él esa humanidad, especialmente en Os amo a todos, una película magnífica sobre la vida y el amor.

¿Qué evolución ha notado en su trabajo?

La primera película se hace con la inconsciencia de la primera película: tenemos ideas, exploramos y tentamos pistas. Es algo un poco experimental. Después me pregunté qué escena disfruté más rodando: se trata de una secuencia de Sin armas, ni odio, ni violencia sobre lo no dicho y la mentira entre Alice Raglioni, Gilles Lellouche y yo. Así que partí de esta idea para mi segunda película, Cuando sea pequeño. Es como si hubiera apretado una esponja al máximo para la segunda película, para ir hacia lo esencial, incluso siendo demasiado seco. Después, para la tercera película, liberamos un poco la esponja y un poco de agua se queda en ella. Esta película es a la que más me parezco: hay una mezcla equilibrada de emoción y comedia. ¡Como la vida misma!

¿Cómo se desarrolló el casting?

Desde el principio veía a Annie Cordy en el papel de la abuela: le hice llegar el guion, quedamos y en seguida vi en su mirada a Madeleine. Después, recordé a Michel Blanc, a quien no conocía. Me contestó al cabo de dos días, ¡con lo selectivo que es! Estaba muy contento y orgulloso ya que Michel no es sólo un gran actor sino también director, guionista y dialoguista sin igual.

Annie Cordy es impresionante: olvidamos completamente su personaje de cantante popular.

Era evidente. Vale, ya la había visto interpretando en El pasajero de la lluvia y El Gato. Todo el mundo me decía "¿estás seguro?". Siempre le dieron papeles duros en el cine que no se parecían en nada a sus canciones. Me alegro de que estuviera genial. ¡Espero que consiga el César a la mejor promesa femenina! (risas) Tiene un sentido de la interpretación muy desarrollado porque tiene una enorme capacidad de escucha.

¿Cómo supo que Mathieu Spinosi debía interpretar a Romain?

Tuve que entrevistar una treintena de actores, muchachos de entre 20 y 25 años. Fue muy complicado porque necesitábamos a alguien capaz de defender el papel principal frente a peces gordos. Buscaba un actor que poseyera tanto el oficio como la frescura. Lo que me gustó de Mathieu es que era violinista de formación: ¡así que conoce perfectamente el oficio! Estudió en el conservatorio y aprendió a levantarse temprano y trabajar. Tiene una relación concreta con el trabajo. Me gusta ese aspecto artesano que desprende.

¿Y Chantal Lauby en el papel de la madre?

Nunca había trabajado con ella, pero me encanta desde hace mucho tiempo. Tenía ganas de que fuera ella después de verla en La Jaula Dorada: ha conseguido una madurez de actriz extraordinaria, como si hubiera almacenado un montón de cosas de la vida y lo sacara en sus interpretaciones con una magnífica pureza.

En el escenario, todos venían de orígenes diferentes...

Me di cuenta de que había un punto en común entre Annie Cordy, Michel Blanc, Chantal Lauby, y yo: venimos de la época de la "coña": opereta, café teatro o sketches en la tele. Así pues, todos tenemos más o menos la misma base. Para mí éramos un poco de la misma familia de actores.

¿Qué intenciones tenía respecto a la música?

Confié la música de la película a Alexis Rault. No lo conocía pero mis productores me lo presentaron. Lo encontré humanamente formidable. Trabajo en la música a partir del guion, y le expliqué que aunque no estaba verdaderamente cualificado para componer, quería muy pocos temas. Porque la música es un personaje con muchas facetas y forma parte integrante de la película: debe ser tejida con la película. Quería una música ligera, discreta, púdica, mezclando la alegría y la melancolía. El mismo tipo de melodías que las que encontramos en Sarde o en Roubaix.

Seguidamente, seleccione el estándar "Que reste-t-il de nos amours?" que trabajamos para que sonara más actual. Julien Doré quiso reinterpretarla y se apropió de ella con el inmenso talento que sabíamos que tenía.

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