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26 de Junio de 2019
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'El profesor, además de transmitir conocimientos, ha de ser capaz de transmitir emociones'
'El profesor, además de transmitir conocimientos, ha de ser capaz de transmitir emociones'
Entrevistamos a María Rosa Espot y Jaime Nubiola
bibianaripol.com - 16/04/2019 06:13

¿Qué significa tener “alma de profesor”?

Significa ser un profesor que vibra en el aula, que está convencido de que su profesión es la mejor del mundo y que una de las mejores cosas que le ha pasado en su vida es ser profesor, es decir, un profesor con entusiasmo, ilusión y pasión, con ardor docente.

¿Se nace con “alma de profesor” o también debe aprenderse?

Los profesores con "alma de profesor" son los mejores profesores. Nacen con ella, aprenden a desarrollarla y consiguen resultados educativos muy buenos.

¿Qué atributos tiene un buen profesor?

Un buen profesor conoce a fondo en qué consiste y qué comporta la profesión docente, ama su profesión. - Es un profesional estudioso interesado en aprender y dispuesto a cambiar para ser mejor dentro y fuera del aula. - Quiere a sus alumnos de manera incondicional. Su actitud es empática y de ayuda a los demás. Sabe escuchar, sonreír y tiene una relación excelente con sus alumnos. - Es buen comunicador. Utiliza adecuadamente el lenguaje verbal y el gestual. No solo vocaliza bien y emplea un tono de voz cómodo para todos los que comparten el aula, sino que además sabe comunicar con los alumnos desde el respeto y la aceptación, el aprecio y la cordialidad. - Es un profesional comprometido e implicado. Actúa de forma coherente tanto con suus principios, convicciones y valores personales como con los de la institución en la que desarrolla su actividad profesional. Convencido de su misión acepta las obligaciones que conlleva la confianza que la sociedad le ha otorgado al confiarle la educación de los adultos del mañana. - Un buen profesor goza en el aula con su materia. El gozo al que nos referimos es un sentir altamente grato para el profesor e inmensamente beneficioso para el aprendizaje de sus alumnos. 

¿Cómo debería ser la tarea del profesor “más allá de la mera instrucción de contenidos”?

No basta que los profesores pongamos atención en los contenidos de la materia que impartimos, en la disciplina, en la asistencia a clase, en las calificaciones y en todas las cuestiones burocráticas propias de la práctica docente. Además, debemos intentar averiguar el sentir de los alumnos: qué les interesa, qué les preocupa y qué les hace sufrir. De ese modo el profesor podrá ayudar a sus alumnos más y mejor. El profesor, además de transmitir conocimientos, ha de ser capaz de transmitir emociones: ganas de aprender, de trabajar bien, de ser mejor.

¿Qué entienden por “buenos deberes”?

Unos "buenos deberes" logran fomentar hábitos de estudio y responsabilidad. Están relacionados con lo que se está trabajando en clase, en una cantidad adecuada y adaptada a la edad de los alumnos.

¿Qué opinan de los exámenes?

La educación escolar no puede estar al margen de la educación universitaria con exámenes, asignaturas y pruebas de acceso. Inger Enkvist —catedrática de la Universidad de Lund y asesora del Ministerio de Educación sueco— puntualiza: «En la vida adulta, todos tenemos fechas topes, momentos de entregar un texto y esto se aprende en la escuela. Con los exámenes el niño aprende a responsabilizarse y entiende que no presentarse a una prueba tiene consecuencias; no lo repetirán para él. Si no cumplimos con nuestras obligaciones en la vida adulta, pronto nos veremos descartados de los ambientes profesionales. Los exámenes ayudan a desarrollar hábitos sistemáticos de trabajo».

¿Metodologías tradicionales, innovadoras o ambas?

Todos los profesores queremos que nuestros alumnos sean buenos en contenidos, autónomos, creativos, profundos y analíticos, que sepan hablar en público, pacientes y esforzados. Quizá la manera de conseguirlo esté en saber alternar adecuadamente ambos tipos de metodologías, sin excluir alguna por el mero hecho de ser moderna o anticuada.

¿Qué es la interdisciplinariedad y por qué es el desafío de la “nueva educación”?

El profesor ha de tener en cuenta que hoy en día los conocimientos se han especializado de tal modo que es imposible saberlo todo directamente y saberlo de forma solitaria y aislada. El investigador solitario está en desuso. Resolver o dar una respuesta a los problemas que plantea la creciente complejidad del mundo en el que vivimos, pide al investigador un enfoque interdisciplinar en su investigación, esto es, una mirada muchísimo más amplia —desde distintos puntos de vista— y recurrir a conocimientos que provengan de distintas disciplinas. Escuchar a otros, indudablemente, enriquece la investigación.

¿Qué más deben tener en cuenta los alumnos en una investigación?

Nos parece muy importante hacer conscientes a los alumnos de que la solución - ¡o parte de la solución!- de un problema planteado puede hallarse fuera de la asignatura que se está estudiando. Es decir, se trata de enseñar a los alumnos a planificar un proyecto y buscar soluciones relacionando conceptos estudiados en distintas disciplinas. Eso es la interdisciplinariedad. Un reto fascinante.

¿Cuál debe ser el papel de las tecnologías en el aprendizaje de los alumnos?

El buen uso de las pantallas en las aulas nos parece excelente, si se emplea como lo que es: un recurso más para el aprendizaje. No debe copar —ni tan solo desplazar— la maravillosa y,sobre todo, humana tarea docente del profesor tanto en el aula como fuera de ella. Estamos convencidos de que ni la mejor de las tecnologías puede sustituir a un buen profesor.

¿Dificultan las nuevas tecnologías la capacidad de atención de los adolescentes?

Un buen profesor tiene que ser capaz de ingeniárselas para intercalar en su explicación elementos (ejemplos, historias, actividades) que capten y activen la atención del alumno, cuando percibe que los alumnos se aburren, están cansados y desconectan de la clase.

¿Por qué trabajar en equipo es la “asignatura pendiente del profesorado”?

Convencidos de la importancia que tiene conocer y comprender a fondo ese modo de trabajar, es decir, de la importancia que tiene su aprendizaje en cuanto a técnica, a relaciones interpersonales, a actitudes necesarias y a beneficios que ofrece el trabajar en equipo, nos parece escasa la atención que se presta en los planes de formación del profesorado a ese modo de trabajar.

¿Qué es el “debate de las dos culturas” y cómo debe de ser afrontado?

Ciencias y letras no son dos bloques independientes, aislados el uno del otro, como desde hace varias décadas se ha presentado. Basta considerar algo que todos los profesores sabemos: el método científico y los requisitos académicos para publicar una investigación, no son exclusivos de las ciencias ni de las letras, sino que son comunes a ambas ramas.

A nuestro modo de ver, no se trata de emplazar las ciencias por encima de las humanidades o de hacer lo contrario, sino más bien de dar cabida a las humanidades en cualquier tipo de enseñanza y permitir su "convivencia". Somos muchos los profesores que defendemos la interdisciplinariedad y que estamos convencidos de la necesidad de dar una formación más humanística a los estudiantes. Se trata pues de cambiar contenidos curriculares y modos de actuar en las aulas. Necesitamos profesores que en su enseñanza y en su vida sepan aunar esas dos culturas y así lo contagien a sus estudiantes.

¿Cómo se imaginan la educación del futuro?

Hay quienes pronostican que en las aulas escolares de un futuro no lejano —así lo hemos leído y transcribimos: «las clases magistrales van a desparecer, el currículo estará personalizado a la medida de las necesidades de cada alumno y se valoraran las habilidades personales y prácticas más que los contenidos académicos. Internet será la principal fuente del saber". Está claro que esos vaticinios están por ver».

¿Cómo les gustaría que fuera la educación en el futuro?

Nos gustaría que fuera más personalizada y más rica emocionalmente para favorecer la creatividad del estudiante. Para esto, realmente, no hacen falta pantallas ni computadoras, sino profesores ilusionados con entregar un modo de vida a los estudiantes. Viene al caso recordar aquel dicho que ya aparece en Plutarco: «Educar no es llenar un vaso, sino encender un fuego».

¿Qué les gustaría aportar con este libro?

Nuestro libro aspira a encender ese fuego en el corazón de tantos profesores que quizá se sienten quemados o desanimados ante la enormidad de su tarea. Pretende persuadirles de que si se vuelcan efectiva y afectivamente en sus alumnos no solo harán un mundo un poco mejor, sino que ellos mismos serán mejores y por tanto másfelices.

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